Apasionado y revolucionario, el director de Compañía Cinematográfica Javier Blanco es conocido en el ambiente por sus trabajos dentro del género humorístico y la comedia. “Si uno mira el humor con seriedad el resultado será gracioso. Después, los receptores verán un cambio o una revolución, por comparación”, asegura. Y sostiene que lo que más le gusta es dudar de ellos. “En esa investigación y en esa búsqueda, siempre me parece que está la novedad, lo más fresco”, dice.
Blanco asegura que su experiencia como actor y director de teatro le dio una “mirada personal” y una “imaginación diferente a la entrenada por los medios audiovisuales”, y que ve todos los actos cinematográficos como productos de personas que realizan sus sueños. “Emprendedores, sí, emprendedores”, sostiene.
Con más realismo que optimismo, Blanco dice que no puede hablarse de una industria de cine en la región, y agregó: “El pensamiento latinoamericano está siendo revalorizado por la crisis tremenda que se presenta en los mercados centrales, no tanto por nuestra excelencia”. Aunque reconoció que se valora mucho el “hambre de pertenecer”.
Además, dice que la industria está pasando por una “crisis muy grande” que generará cambios. “Espero que los podamos aprovechar, no sólo enviando realizadores a la industria sino generando un lenguaje cinematográfico más interesante”, expresó.
-Adlatina.com: ¿Por qué, de todas las artes, eligió el cine?
-Javier Blanco: El cine me encanta. Es un medio fabuloso para narrar historias y traducir ideas. Es lo que más me gusta hacer.
-¿Qué significa el cine para usted?
-J.B.: El cine me permite jugar muy cerca de muchas expresiones artísticas que me interesan. El teatro, la música, la literatura, la pintura, la arquitectura, la danza. Entiendo el cine como una disciplina que reúne a estas artes y las desarrolla en equipo. Entonces encontré en el cine un medio donde desarrollar la vida que me interesa. Es decir que para mí, verdaderamente el cine es un medio y una forma de vida que me gusta.
-¿Se considera un apasionado del cine?
-J.B.: Sí, soy apasionado. Lamentablemente, no sólo del cine.
-¿Qué cree que le aporta su experiencia como actor y director de teatro en su carrera actual?
-J.B.: El teatro y los actores me parecen extraordinarios. Lo más significativo es que haber sido actor me permite entender todo lo que un actor es capaz de dar. Son una usina extraordinaria, una fuente inagotable de humanidad, con todo su repertorio de emociones. Esto es fabuloso y un instrumento complejo de manejar. En el momento de dirigir cine, conocer el lenguaje de tus intérpretes te da mucha libertad. Entiendo cómo se construye una escena desde dentro. Tengo clara comprensión de las necesidades que tiene alguien a quien debo dirigir. Una forma de imaginación diferente de la entrenada por los medios audiovisuales y, sobre todo, una mirada personal que el teatro y los autores que investigué me ayudaron a desarrollar.
-¿Cuál es su principal virtud como director?
-J.B.: La flexibilidad. La capacidad de escuchar. Entender y serle fiel a la historia, a la idea. Hacerla crecer. Ayudarla a plasmarse. Tener un equipo de producción extraordinario.
Para mí, dirigir es establecer una relación con la idea que nos interesa contar. De esta relación surgen las formas. Darle el grado de atención e intención que cada uno de los distintos elementos necesita para serle fiel a la idea. Todos debemos ser instrumentos de esta historia, idea que nos reúne y, según entiendo, nos utiliza para expresarse.
De esta manera, mi intención es que cada uno de los individuos, el grupo de trabajo, dé lo mejor de sí frente a cada pedido. No sé si es una virtud, pero es lo que entiendo que permite a cada trabajo ser único y especial.
-¿Cuáles son en su opinión las virtudes y defectos de la región en el cine?
-J.B.: En principio, no creo que la región tenga una industria de cine. Brasil quizá un poco. Entendiendo por “industria” una organización de empresas que generan como actividad la necesidad de fabricar artefactos sí o sí. Por lo cual, veo a todos los actos cinematográficos como productos de personas que realizan sus sueños. Emprendedores, sí, emprendedores.
Esto hace que valore en sí mismo cada acto como funcional. Pero la comparación existe. Y en otros mercados la industria sí provoca la actividad. Nuestro aporte creo que es ése. Al no tener esa realidad, la región responde con un cine más personal, que en general devuelve más búsqueda e inquietudes, con algunos problemas técnicos. El pensamiento latinoamericano está siendo revalorizado por la crisis tremenda que se presenta en los mercados centrales, no tanto por nuestra excelencia. Lo que sí pasa es que ese hambre de pertenecer es algo que es valorado en los lugares donde se ha hecho mucho. Es cierto que quizá nuestra comunicación sea menos posada, más cercana y un poco más sincera; y sorprende en lugares repletos y cansados de las mismas fórmulas. Mientras no haya un mercado que permita crecer, lo penoso es que los artefactos tienden a parecerse unos entre otros. Estamos en medio de una crisis muy grande de la industria; esto seguro generará cambios que espero que podamos aprovechar. Y no solamente enviando realizadores a la industria, sino también generando un lenguaje que a su vez desarrolle un lenguaje cinematográfico más interesante. De hecho, entiendo que esto es lo que está ocurriendo ahora mismo.
-¿En qué cambió la tecnología digital el trabajo de los directores?
-J.B.: El trabajo de los directores se democratizó. Y la democracia no es perfecta, pero es el mejor sistema de gobierno que logramos construir hasta ahora. El cine, sin embargo, necesita de un orden práctico. La tecnología permite y provoca que más personas participen de decisiones. También aporta una gran fantasía de velocidad, que en realidad trae una gran urgencia. La capacidad de la velocidad provoca una gran necesidad de apuro que no siempre es el ritmo ideal para tomar las decisiones.
El hecho de que todos seamos similares frente a la tecnología digital permite, muchas veces, la confusión de los roles, y aporta demasiada inmediatez. A veces, en deterioro de la reflexión. Por otro lado, aporta una cantidad de instrumentos que permiten desarrollar imágenes y relaciones muy interesantes. Para mí es un instrumento, no un fin en sí mismo. La tecnología siempre está ahí. Ésta o cualquier otra. En el pasado fue diferente, y la respuesta siempre es la misma. Lo que importa es cómo la usamos. Sobre todo porque lo digital siempre es una copia. Generar artefactos únicos, sensibles y particulares requiere personas que utilicen la tecnología en esta dirección: reflejar el mundo que la historia necesita.
-¿Cuál cree que debería ser el rol de la agencia y del cliente durante la preproducción y el rodaje?
-J.B.: Exactamente esos. El de la agencia, de agencia. El del cliente, de cliente. Y el de la productora, de productora. Durante todo el proceso. Si cada uno ofrece lo mejor de sí mismo desde su rol, en cada momento del proceso, el éxito está asegurado. El problema se presenta cuando las personas que participan no saben qué son. O quiénes son.
-¿Cómo es su relación con la agencia y el cliente?
-J.B.: La relación es muy cercana. La agencia y el cliente son el proyecto. Sin ellos, no hay proyecto. El cine es una actividad que se desarrolla en equipo. En general, tenemos el papel de interpretar y plasmar la relación de la marca con las personas construyendo films que tienen ese objetivo. Algo que no habla, quiere decir cosas. Esto es maravilloso. Las agencias son organizaciones sensibles a esta necesidad. Los clientes son personas que conocen esta necesidad y la administran. Es un momento fabuloso. Ellos te confían en ese momento a su bebé. Cuidarlo, atenderlo y hacerlo crecer es un trabajo fantástico que, cuando se realiza, nos permite a cada uno aportar lo mejor de cada uno.
-¿En qué medida siente que puede hacer su trabajo con libertad?
-J.B.: La libertad con la cual trabajo es toda la que supe conseguirme en esta relación cada día. Cuanto mayor es el grado de libertad, más podemos aportar.
-¿En qué genero le gusta más trabajar?
-J.B.: Todos. Lo que sea mejor para la idea. Quizá la violencia en sí me aburre un poco, hay tanta que no sé... Los géneros son instrumentos para ser más didácticos con una idea, una historia. En general son ayudas que en base a la memoria establecen códigos en la forma de percibir. Me gustan los géneros, pero lo que más me gusta es dudar de ellos. En esa investigación y en esa búsqueda, siempre me parece que está la novedad, lo más fresco. El estilo y los géneros son elementos que provocan comodidad, hábito. No creo que sean tan buenos compañeros si uno está tratando de descubrir la forma más linda o interesante para decir algo.
-A usted se lo considera uno de los revolucionarios del humor y la comedia, ¿en qué sentido cree que revolucionó tales géneros?
-J.B.: En realidad, tuve la oportunidad de realizar trabajos donde se trataba de transformar la forma de comunicarse en la publicidad. Algunos de estos trabajos eran comedias. Lo que entiendo que aportamos fue tratar a estas ideas con seriedad. Seguro que, si uno mira el humor con seriedad, el resultado será gracioso. Después, los demás, o los receptores, verán un cambio o una revolución, por comparación. En ese momento, me pareció que era la mejor manera de contar esas historias. Y a la gente le gustó mucho. Me gusta creer que existen la ternura y el humor entre los hombres, pese a todo.
-¿Cuáles son sus tres largometrajes preferidos?
-J.B.: Tres no. Son tantas las películas que me gustan más... No sé... Prefiero nombrar directores, productores... Fellini, Polanski, Scorsese, Vittorio De Sica, Buster Keaton... Hay muchos. Tipos talentosísimos que me han fascinado y enseñado con sus trabajos. Bergman, Gondry, Burton, Tati…
-¿Cuál considera su mejor comercial?
-J.B.: Sinceramente, espero que sea el próximo. Entiendo que parece un lugar común, pero es lo que quiero. Espero mucho de mí y me gusta pensar que siempre se puede aprender más y realizar cosas más lindas. El trabajo de Aerolíneas Argentinas me gusta mucho y me ha dado muchas satisfacciones. Hay otros no tan famosos que también me gustan mucho.
-¿Con qué aspecto del proceso de creación de un comercial disfruta más?
-J.B.: Todos los procesos son interesantes. El momento donde se está descubriendo el lenguaje. Ese momento previo donde se investiga la mejor forma para narrar me fascina. Una idea es perfecta; contiene en sí misma todo lo que necesita para ser expresada. Escuchar esa idea y encontrar los elementos para darla a conocer es un proceso abstracto súper creativo y muy valioso. Si esto lo hicimos bien, luego nos queda capturar los elementos para serle fiel a eso que descubrimos en ese proceso. La filmación es interesante por esa demanda ajuste permanente entre lo que soñamos y lo que es. Ese proceso durante el cual el sueño se va plasmado, es alucinante. La edición, la incorporación de la música, el sonido. Son momentos mágicos que forman parte de mi vida diaria. Está buenísimo.
-¿Qué particularidad cree que tienen sus films que los diferencian del resto?
-J.B.: En la productora trabajamos mucho para que cada trabajo, cada film, sea lo más parecido al sueño que tenemos sobre él. Eso se nota. Y puede ser que eso sea una particularidad.